19/5/12

11-S: Una fecha fatídica en el calendario mundial

Dos actos criminales, similar fecha y una misma raíz dan protagonismo al 11 de septiembre en dos años y dos siglos diferentes. En 1973 la brutalidad simbolizada en un golpe de Estado, destruyó el Palacio de la Moneda, sede del gobierno chileno, y en el 2001 un acto terrorista derribó las Torres Gemelas de Nueva York.
Aviones utilizados para atacar ciudades, palacios y torres son expresiones de diferentes épocas enmarcadas en la violencia, la brutalidad y el terrorismo, creadas en su imagen y semejanza por el imperialismo yanqui, por más que hoy se autotitule paladín del antiterrorismo y defensor de los derechos humanos, aunque tenga confinados injustamente en sus prisiones a cinco cubanos, sin tener en cuenta que precisamente ellos enfrentaban esa flagelo.
En 1973 el presidente Salvador Allende y los fieles partidarios de su gobierno tuvieron que enfrentar la traición de un enemigo de muchas caras, la visible perteneciente a la oposición política y al general Augusto Pinochet y la no muy encubierta de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos.
El golpe desató la jauría militar que no se cansaba de torturar, violar y asesinar a los chilenos que respaldaban a Allende. Entre las miles de víctimas estaba el inolvidable Víctor Jara, que le mutilaron las manos para que no pudiera tocar más la guitarra. Lo que no pudieron nunca los fascistas chilenos fue acallar la voz del cantor que proclamaba el derecho a vivir en paz.
Veintiocho años después del golpe militar contra el gobierno del presidente Salvador Allende, una noticia le daría la vuelta al planeta en cuestión de segundo, el ataque y el posterior derribo de las Torres Gemelas, por dos aviones de pasajeros que se impactaron en sucesión de minutos a estos dos símbolos de la cosmopolita Nueva York.
En el momento del primer impacto el presidente George W. Bush se encontraba leyendo un cuento a los niños de una escuela, entonces uno de sus ayudantes se le acercó y en voz baja le dio la noticia, el mandatario yanqui no hizo ningún comentario y continuó con la lectura. No se sabe si estaba allí por casualidad o buscaba una cuartada probatoria de inocencia.
Lo cierto es que después del 11 de septiembre del 2001 el pueblo afgano pagó los platos rotos al desatarse la guerra en su suelo. Las raíces de ambos hechos están tan en la superficie que cualquier persona podría vincularlos con similares intereses y un mismo autor. Ciertamente todos los caminos conducen a la Casa Blanca.
En Cuba todos saben perfectamente su manera de operar. La voladura del buque Maine, anclado en el puerto de La Habana le sirvió de pretexto al gobierno de Estados Unidos para entrar en la guerra del 1895 cuando ya prácticamente el Ejercito Libertador estaba a las puertas del triunfo definitivo sobre las fuerzas colonialistas españolas. Se apoderaron y permanecieron en la isla hasta el triunfo de la Revolución en 1959.
Ahora la proa está enfila hacia Irán, y la prepotencia de Estados Unidos y sus aliados es tan grande que ya no necesitan torres derribadas ni pretextos para tocar de nuevo los tambores de guerra y una vez más hacer padecer a la humanidad una nueva conflagración, quizás la más terrible de todas por sus imprevisibles consecuencias.
Lidia Esther Ochoa

Radio Angulo


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6/5/12

El Cinco de Mayo en el Peñón de los Baños


En la colonia Peñón de los Baños, al nor-oriente de la Ciudad de México, se conmemora la Batalla de Puebla ocurrida el 5 de mayo de 1862. Ese día varios centenares de personas se vuelcan a las calles de la colonia y al Cerro del Peñón para representar aquella gloriosa batalla que puso en alto el nombre de México, cuando las tropas liberales, al mando del General Zaragoza, derrotaron al "invencible" ejército francés de Napoleón III.

La historia escrita nos detalla la participación de las distintas tropas del contingente mexicano que enfrentaron a los franceses, pero de entre todas ellas destaca el 6º Batallón Nacional de Puebla, o de los zacapoaxtlas, por ser el que formó la línea donde se dio la lucha cuerpo a cuerpo.

Sin embargo, ¿por qué conmemorar en el Peñón una batalla que se realizó en la ciudad de Puebla?

El antiguo Peñón

A principios del siglo XX el río Consulado separaba a San Juan de Aragón del Peñón, pero tiempo después se construyó un puente que permitió la comunicación entre ambas localidades.

Cómo llegó al Peñón

La celebración del 5 de mayo es anterior a 1914, al igual que el carnaval. La tradición llegó de San Juan de Aragón, que la recibió de Nexquipaya, Puebla, a través de Texcoco. Resulta que varios habitantes de Aragón eran originarios de Nexquipaya y aún tenían familias allá, y una de sus fiestas tradicionales consistía precisamente en representar la histórica batalla.

El señor Fidel Rodríguez, nativo del Peñón, nos platica que alrededor de 1914 los barrios del pueblo del lugar se encontraban divididos, y las relaciones entre familias no eran buenas. Por tal motivo un grupo de personas decidió promover la celebración de esta fiesta cívica con el propósito de unificar a las familias y a los barrios; así, el grupo fue a observar cómo se organizaba en San Juan de Aragón.

Luego el señor Timoteo Rodríguez, junto con don Isiquio Morales y Teodoro Pineda, se juntaron con las familias más allegadas a fin de llevar a cabo su propia representación; posteriormente el mismo Timoteo Rodríguez, Isiquio Cedillo, Demetrio Flores, Cruz Gutiérrez y Teodoro Pineda iniciaron la Junta Patriótica encargada de organizar la celebración. Esta junta funcionó hasta 1952.

Desde entonces hasta la fecha se han realizado algunas modificaciones tanto en el vestuario como en la representación. En aquel tiempo se utilizaban hondas para representar los enfrentamientos, aunque ya se contaba con algunas escopetas; antes casi no había caballos y entonces usaban burros; los trajes de los franceses se han modificado, y los negros o zacapoaxtlas no se pintaban.

Historia de la organización

En 1952 el señor Timoteo hace entrega de las armas al señor Luis Rodríguez Damián y deja la responsabilidad de la fiesta a un grupo de gentes entusiastas. En ese tiempo se conforma la Junta de Mejoras del Peñón de los Baños y durante cuarenta años el señor Luis funge como su presidente, hasta 1993, año en que muere, no sin antes constituir la “Asociación Civil Cinco de Mayo”, organismo responsable de la realización del evento y que es presidido por el señor Fidel Rodríguez. Como se ve, esta es una tradición que viene de abuelos a padres y de padres a hijos.

Algunas de las tareas que competen a la asociación son las de obtener los permisos de la delegación política y de la Secretaría de la Defensa; asimismo, dos meses antes los miembros salen cada domingo, acompañándose con música de chirimía, a promover la fiesta y a colectar dinero, casa por casa, para cubrir parte de los gastos. En este sentido, la delegación apoya con una cantidad de dinero. Lo colectado se utiliza para pagar a los músicos, comprar la pólvora y pagar la comida.

Los personajes

Representación (Foto: La Jornada)
Actualmente a todos los participantes se les da un guión para que realicen su papel. Los principales personajes son Manuel Doblado, ministro de relaciones exteriores, Juárez, el Gral. Prim, el Almirante Dunlop, Mr. Saligny, Juan Francisco Lucas, jefe de los zacapoaxtlas, el Gral. Zaragoza y el Gral. Gutiérrez. Este es el grupo de los generales que representan los tratados de La Soledad, Loreto y Guadalupe.

La escopeta es un elemento indispensable en la representación. Los zacapoaxtlas se pintan la piel con tizne, usan calzón blanco, huaraches y el capisayo, que es la camisa negra con un bordado en la espalda con la imagen de un águila, y leyendas como ¡Viva México!, el año de la batalla, el año actual y abajo el nombre de “Peñón de los Baños”. El sombrero es de palma a medio tejer, algunos llevan en el sombrero la rosa tradicional y el paliacate. Los zacapoaxtlas andan “armados hasta los dientes”; muchos traen pistola de pirata, escopeta y machete. Cargan también su barcina, que es un tipo de morral donde llevan gorditas, patas de pollo, verduras, o algo para comer; asimismo portan un güaje con pulque. Antes los zacapoaxtlas sólo salían con un paliacate. Como los de Zacapoaxtla eran morenos, ahora se pintan para diferenciarse de los franceses.

Otro personaje que hace su aparición es “la naca”, quien representa a la soldadera, la acompañante del zacapoaxtla. Ella lleva hasta el hijo, cargado con el rebozo; también puede portar una escopeta y todo lo necesario para apoyar al soldado.

Hay jóvenes que van de las colonias Romero Rubio, Moctezuma, Pensador Mexicano y San Juan de Aragón, y a ellos se les propone que salgan de franceses.

La fiesta

Por la mañana se reúnen unos cuantos negros (zacapoaxtlas) y franceses, y junto con la música hacen un recorrido por las calles.

A las ocho de la mañana inician los honores a la bandera en la escuela Hermenegildo Galeana. A este evento asisten representantes de la delegación política, los generales, los organizadores, la policía y el ejército. Después se realiza el desfile por las calles principales del Peñón. En éste participan el sector escolar, las autoridades delegacionales, las autoridades de la asociación, el contingente de los zacapoaxtlas, los franceses, el ejército de Zaragoza, la montada, el Pentatlón y los bomberos.

Terminando el desfile se hace la primera representación de la batalla en el barrio del Carmen. Durante una hora hay tiros, truenos y empujones. Luego de esta primera batalla se da un descanso de dos horas. Algunas personas invitan a los músicos a sus casas para que les toquen algunas piezas y les ofrecen de comer.

A las cuatro de la tarde dan inicio los tratados de Loreto y Guadalupe, en la calle de Hidalgo y Chihualcan. Aquí comienza la representación de los generales, en donde se declara la guerra a México. Todos los generales participan y luego se hace un comelitón; todo el pueblo sube a dar lo que tiene para alimentar a las tropas: les llevan pescado, patos, tripas, gorditas “para que no vayan mal comidos a la batalla”.

Posteriormente el general Zaragoza pasa revista a las tropas; hace una supervisión de higiene; a algunos los manda hacerse un corte de pelo “para que no vayan piojosos”; principalmente se les corta el cabello a los que participan por primera vez.

Después de los tratados, los contingentes suben al cerro para realizar la última representación de la batalla, la cual dura como dos horas. Las tropas francesas suben por el lado del aeropuerto, mientras las tropas zacapoaxtlas lo hacen por Río Consulado. Una vez arriba los zacapoaxtlas hostigan a las tropas francesas y se detonan los cañones; cuando están a punto de vencerlas bajan del cerro y las persiguen por el barrio del Carmen, donde ocurre otro enfrentamiento, luego se le da vuelta al panteón y ahí se fusila a los franceses.

Cuando pelean, los zacapoaxtlas toman un pequeño rábano que llevan en su morral, lo mastican y se lo escupen o lo avientan a los franceses para mostrar su odio.

Terminados los enfrentamientos, a todas las tropas se les ofrece un refresco y se les dan las gracias. Todos los generales rinden parte, y ahí es donde se valora el esfuerzo que implica la fiesta, cuando los participantes, llenos de satisfacción, expresan la frase “mi general, ¡cumplimos!”.

México Desconocido.

6/12/11

Salvamento arqueológico rescata historia


A principios de los años 80, cuando se realizaban los trabajos de construcción de la línea 7 del Sistema de Transporte Colectivo Metro (STCM), un grupo de trabajadores intentó reubicar el monumento erigido en memoria de los héroes de la Batalla del Molino del Rey, ubicado en los límites del bosque de Chapultepec. Nadie imaginó que esa labor detonaría en un singular hallazgo.

Al remover la efigie que conmemora el enfrentamiento ocurrido el 8 de septiembre de 1847 entre el ejército estadounidense y el Ejército mexicano durante la Guerra de Intervención Estadounidense, la maquinaria golpeó la parte central del monumento del que inmediatamente asomaron una serie de urnas con restos óseos. ¡Eran las urnas con los huesos de los héroes de la Batalla del Molino del Rey! recuerda en entrevista el arqueólogo Francisco Sánchez Nava, quien fue uno de los primeros expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en arribar al lugar para proceder con las labores de salvamento, actividad que tiene como objetivo evitar la destrucción del patrimonio cuando se realizan obras públicas o privadas, como son las obras de remodelación de monumentos históricos, construcción de viviendas, mercados, líneas del Metro, carreteras, líneas de transmisión eléctrica, subestaciones, presas, gasoductos y centros turísticos, además de proteger el patrimonio de la acción de agentes naturales o saqueos.
“Nos llamaron y dijeron: ‘Oiga arqueólogo, fíjese que nos salieron unos huesos de este monumento’. Llegamos casi, casi con la sirena encendida para atender la situación, para atender los huesos”, cuenta el investigador, quien por muchos años estuvo al frente de la entonces subdirección de Salvamento Arqueológico del INAH, hoy Dirección de Salvamento Arqueológico, área que tiene a su cargo a un grupo de arqueólogos especializados, cuyo trabajo consiste en salvar en un tiempo determinado los vestigios en riesgo de ser destruidos por las obras de construcción, además de aprovechar las obras para excavar las áreas cubiertas por edificaciones contemporáneas, aunque con las limitantes de tiempo y espacio que la obra en construcción establece.
Pero además de estas urnas, relata el arqueólogo, el monumento escondía una valija muy especial: una caja del tiempo. “Cuando concluimos la etapa de investigación de los huesos comenzamos a divisar el asa de una caja de metal en perfecto estado, adentro encontramos periódicos de la época, monedas, litografías, y hasta un acta donde decía quiénes y cómo se había colocado esa primera piedra. Rescatamos, casi 140 años después, esa cápsula del tiempo. Fue una labor muy bonita”, cuenta el arqueólogo que a finales del siglo pasado coordinó las labores de salvamento durante la construcción de las líneas 3, 4 5, 6 y 7 del Metro, de donde se extrajo una vasta cantidad de material histórico arqueológico y paleontológico que hoy puede ser apreciado en museos o en las estaciones del Metro.
Así como las obras de transporte colectivo en el DF, a lo largo del país se realizan diversas obras de infraestructura, en las que gracias a la intervención de los expertos se ha logrado rescatar cantidad de vestigios y materiales que permiten conocer nuestro pasado.
El salvamento, coinciden los arqueólogos Francisco Sánchez Nava y Ernesto Rodríguez Sánchez, actual titular de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH, es una modalidad de la excavación arqueológica ligada a las obras de infraestructura que se realizan en el país y que, a diferencia de los proyectos de investigación arqueológica, tiene que estar sujeto al tiempo y al espacio que marca la obra de infraestructura en supervisión.
El nacimiento de un área de salvamento, comentan los arqueólogos, responde a las constantes solicitudes de supervisión de obras de infraestructuras recibidas hacia finales del siglo pasado, cuando comienza a existir una política de protección al patrimonio. A lo largo de los años se han establecido modalidades metodológicas para atender casos particulares, entre ellos las inspecciones y peritajes derivados de un reporte de afectación por obra, saqueo o erosiones; la realización de una inspección previa para definir si una obra pudiese afectar el patrimonio arqueológico; los rescates, que son intervenciones de emergencia, producto de un reporte de afectación o inspecciones; y las investigaciones de mayor envergadura, como las que se realizan en grandes obras de infraestructura tanto en áreas urbanas o al interior del territorio nacional, como es el caso de construcción de carreteras, presas, gasoductos o tendidos eléctricos.
“El trabajo es arduo porque la riqueza arqueológica del país es tal que, como decimos entre el gremio arqueológico, del Río Bravo al Suchiate todo es un gran tepalcate, porque donde levantas una piedra siempre hay alguna evidencia de la presencia de culturas anteriores a la nuestra”, dice Sánchez Nava.
“Nuestra intención como arqueólogos de salvamento es evitar la destrucción del patrimonio causado por obras de infraestructura, públicas o privadas. Es una manera de evitar el impacto y las contingencias en el patrimonio”, comenta Rodríguez Sánchez, actual coordinador de los trabajos de salvamento en las obras de las líneas 12 del Metro y 4 del Metrobús, donde se ha hallado gran cantidad de cerámica, lítica, vidrio y algunos entierros prehispánicos.
Rodríguez Sánchez tiene a su cargo un equipo de más de 40 arqueólogos, encargados de salvaguardar el patrimonio del país. Con casi tres décadas de experiencia, el investigador asegura que el trabajo del arqueólogo de salvamento ha incrementado en las últimas décadas: “Hace 30 años, el salvamento era como secundario porque no había un alto desarrollo económico y social como ahora. En el Consejo de Arqueología estamos recibiendo más proyectos de salvamento, quizá más que los proyectos de investigación arqueológica. Constantemente tenemos que formar cuadros de trabajo para atender solicitudes de privados y públicos, como la Comisión Federal de Electricidad, Secretaría de Comunicaciones y Transportes, CONAGUA y Pemex”.
La gran Tenochtitlan al descubierto

A pesar de la vasta cantidad de vestigios en todo el país, los arqueólogos coinciden en que ha sido el subsuelo de la ciudad de México el que ha arrojado más información sobre nuestro pasado mesoamericano. Poco a poco, gracias a los constantes trabajos de construcción en la ciudad, los vestigios de la gran Tenochitlan van quedando al descubierto.

Para fortuna de la arqueología, el constante desarrollo de la Zona Metropolitana del Valle de México ha permitido excavar las áreas cubiertas por edificaciones modernas, donde se han registrado importantes hallazgos que incluso han detonado en magnos proyectos de investigación, como el del Templo Mayor, cuyo detonante fue el rescate de la monumental escultura de Coyolxauhqui, hallada por trabajadores de la hoy extinta Compañía de Luz y Fuerza del Centro en el cruce de Argentina y Guatemala, en el Centro Histórico.
En esa misma área, en años más recientes, el arqueólogo Raúl Barrera, encargado del Programa de Arqueología Urbana, realizó trabajos de salvamento arqueológico, a raíz de los trabajos de la remodelación y ampliación de dos edificios coloniales en la calle de Guatemala, en el centro Histórico del DF. De esta labor resultaron dos edificios prehispánicos que ahora están siendo consolidados para su apertura al público. Se trata de los restos de un Calmécac, hallado en el sótano del Centro Cultural de España en México (Guatemala 18), que en los próximos días abrirá como museo de sitio, y de una estructura circular dedicada al dios Ehécatl-Quetzalcóatl, en el predio correspondiente al edificio del Hotel Catedral (Guatemala 16).
Otro de los proyectos de salvamento que arrojó importantes evidencias arqueológicas fue el de la ahora plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, durante los trabajos de construcción y ampliación del edificio de la Secretaria de Relaciones Exteriores. En esa área, el “Proyecto de Salvamento Arqueológico SRE Torre y SRE Nuevo Edificio” localizó en el predio donde se construiría el nuevo edificio, 14 construcciones prehispánicas de carácter cívico-religioso, que hicieron reconsiderar la extensión de este recinto ceremonial.
Unas décadas antes, durante la consolidación estructural del Antiguo Palacio Arzobispal, hoy Museo de la Secretaria de Hacienda y Crédito Público, gracias a las labores de salvamento arqueológico se realizó un importante hallazgo que hoy está a la vista del público, recuerda el arqueólogo Francisco Sánchez Nava. Se refiere al hallazgo del Cuauhxicalli de Moctezuma I, monolito cilíndrico esculpido con la representación de Tonatiuh, dios del Sol.
“El edificio colonial se estaba cayendo, tenía grietas muy señaladas y nos pidieron hacer un estudio arqueológico para determinar las causas de su hundimiento. Para nuestra sorpresa, hallamos en las excavaciones del segundo patio del edificio el Cuauhxicalli de Moctezuma I”, relata el arqueólogo, quien asegura sentirse halagado al ver que la gran pieza está a la vista del público en el Museo Nacional de Antropología.
“Soy lo poco que soy gracias a la arqueología. Me siento sumamente distinguido por el destino de haber podido participar en esto eventos, ya que es una forma de irnos acercando cada vez más a un espacio desconocido, a nuestros antepasados”, dice.

Abida Ventura
(El Universal)

28/11/11

El periodista y los mapas


En febrero de 1940, casi dos años antes de que Estados Unidos entrase en la Segunda Guerra Mundial, la revista Facts in Review, uno de los principales órganos de propaganda Nazi en América, publicó un mapa que cuestionaba que Alemania fuese una nación agresora. El mapa funcionaba como un gráfico comparativo: Alemania —diminuta— a la izquierda; a la derecha, las posesiones del Imperio Británico en la época. La revista se preguntaba por qué los alemanes, casi noventa millones, debían 'subsistir' en un territorio tan pequeño cuando los ingleses dominaban un cuarto del mundo. Indirectamente, también retrataba la supuesta relación de desventaja militar de los nazis contra su gigantesco rival.
Todos los mapas mienten, pero algunos mienten más que otros. A veces mienten por necesidad; en otras ocasiones, mienten a propósito, prodigio de la manipulación; por último, están los que mienten inadvertidamente, los más comunes.

Uno no puede comparar fenómenos como la escala de una tragedia o el poder militar relativo de varios países sin ajustar por otras variables: población, inversión en fuerzas armadas, producción industrial, etc. No es lo mismo una inundación en un área más o menos vacía de un país desarrollado que otra que se produce en una nación pobre y populosa.
Al igual que la estadística, los mapas, cuando usados de forma descuidada, son peligrosos. Y el problema es que —de nuevo, al igual que en el caso de la estadística— periodistas y diseñadores se preocupan poco de leer sobre cartografía porque piensan que crear un mapa es algo trivial, parecido a dibujar cualquier otra ilustración con un programa de diseño vectorial. ¿Por dónde empezar a destruir ese mito? Veámoslo.

Todo mapa es una mentira

La idea de que cualquier mapa miente, lo quiera o no su diseñador, no es original. Proviene de una las mejores introducciones a la cartografía que conozco, How to Lie With Maps, de Mark Monmonier. "No solo es fácil mentir con los mapas", escribe Monmonier, "es esencial". Las fuentes de las distorsiones inevitables en cualquier mapa son, al mismo tiempo, sus rasgos esenciales: escala, proyección y simbolización.
En primer lugar, a menos que uno viva dentro de una historia de Jorge Luis Borges (lo que, la verdad sea dicha, resulta tentador), cualquier mapa es menor que la realidad geográfica que retrata. Es por ello por lo que los mapas de localización de noticias deben siempre incluir un elemento gráfico que explique al lector la relación proporcional entre representación y representado. La escala más común en prensa es un pequeño rectángulo equivalente a alguna medida común: 10, 100, 500, 1.000 kilómetros.
Un localizador sin escala no es un mapa, sino un simple dibujo.
Las proyecciones también son fuente inagotable de anécdotas cartográficas. Para crear mapas, los cartógrafos necesitan transformar la esfera terrestre en un plano, actividad llena de problemas. ¿Por qué? Porque en dicho proceso no es posible mantener simultáneamente la precisión de las siluetas de las masas terrestres, las proporciones, los ángulos, las distancias y las direcciones. Cuando uno respeta una o dos de esas propiedades, sacrifica el resto.
Veámoslo con un ejemplo que preserva las formas de los continentes. Imagine que coloca la Tierra dentro de un cilindro cuya parte interior está recubierta de papel fotosensible. Una vez tomada una fotografía del globo, extendemos el papel sobre una mesa. Las regiones más próximas al ecuador aparecerán reflejadas de forma bastante precisa pero, a medida que nos acerquemos a los polos, los tamaños relativos de países y litorales quedarán distorsionados.
Por eso uno no debe usar cualquier proyección para un mapamundi. La que le muestro en el ejemplo anterior se denomina Mercator, en honor de quien la ideó en el siglo XVI. Se trata de una proyección conforme: en el mapa, la intersección de dos líneas rectas forma el mismo ángulo que sobre el globo terráqueo; por ello, el mapa de Mercator fue originalmente diseñado para la navegación. El hecho de que los ángulos se mantengan y, como consecuencia, los contornos continentales estén dibujados de forma precisa, facilita el trazado de rutas.
Pero la proyección Mercator, al igual que otras muchas proyecciones conformes, distorsiona los tamaños relativos de las regiones. Compare Groenlandia con América del Sur; o Alaska con el resto de Estados Unidos. Le aseguro que Groenlandia no tiene ni de lejos el mismo tamaño que Brasil. O piense en este mapa como pieza propagandística estadounidense durante la guerra fría: sería mucho más fácil convencer a la opinión pública de la grave amenaza soviética; después de todo, el territorio del imperio comunista parece monstruoso.
Más allá de las proyecciones, a veces la distorsión exagerada de las áreas en un mapa no es solo inevitable, sino necesaria. Imagine que se dispone a publicar los resultados electorales de un país en el que existen enormes disparidades de densidad de población. Si se limita a hacerlo con un mapa tradicional, parecerá que el partido que vence en regiones menos pobladas y grandes tiene un peso enorme.

Qué leer
La cartografía es un terreno virgen para ser explorado por periodistas y diseñadores. No solo con el fin de evitar errores, sino también para (re)descubrir formas de representar datos y fenómenos.

El ya citado How to Lie With Maps, sobre todo su introducción y tres capítulos iniciales, es un buen punto de partida para un programa de estudio. Cuando concluya, dispondrá de un cierto conocimiento de la terminología y los principios fundamentales. Monmonier escribe con la elegancia del profesor con una buena cantidad de libros a las espaldas. Es claro, preciso y divertido.
Mi consejo es continuar con una historia de los mapas dirigida al gran público: The Mapmakers, de John Noble Wilford, periodista de The New York Times. El libro se remonta a los orígenes de la representación geográfica y llega a nuestros días, en los que el público ya no solo utiliza mapas, sino que los manipula y comparte gracias a la abundancia de herramientas digitales gratuitas de buena calidad.

Es importante también informarse sobre mapas temáticos. Entre mis libros preferidos está Thematic Cartography and Visualization, de Terry Slocum (ya citado en un artículo anterior). A pesar de que una pequeña parte de la información que contiene es demasiado técnica para un periodista, este volumen es una joya. En él aprenderá qué son y cómo diseñar mapas de coropletas, de símbolos proporcionales, de puntos y, por el camino, dará un profundo repaso a los conceptos estadísticos clave para analizar fenómenos que puedan ser mostrados sobre el territorio en que se producen.
En España, puede echar una ojeada a El tratamiento geográfico de la información, del profesor Tomás Cortizo Álvarez. Se trata de una interesante síntesis de teoría cartográfica con la semiología visual de Jacques Bertin.
Por último, si se anima a profundizar realmente en el asunto, dos recomendaciones especiales: la primera, How Maps Work, de Alan MacEachren, un libro exigente y duro, pero que da enormes satisfacciones intelectuales al vincular de forma exhaustiva la cartografía con la Psicología de la percepción y la cognición. La segunda, Elements of Cartography, un manual universitario de cartografía que cubre la disciplina desde lo más básico hasta lo más avanzado.
En Internet existen también bastantes recursos. Dos ejemplos: Cartographic Communication y Map Basics.

Alberto Cairo
Periodismo con futuro

21/11/11

Hacktivismo


El hacktivismo o actividad de los hackers para informar al público de todo aquello que los Gobiernos no quieren que se sepa, se está convirtiendo en el movimiento contracultural del siglo XXI. No es tanto que vuelvan los años sesenta, como que una forma de sentir las relaciones del ciudadano con la cosa pública de raíz profundamente anglosajona, ha encontrado en las nuevas tecnologías su forma de expresión. En el fenómeno creado por la oleada de revelaciones del movimiento Wikileaks , que dirige el escurridizo australiano Julian Assange -primero sobre las guerras de Afganistán e Irak, y esta semana sobre la diplomacia planetaria de EE UU- hay que distinguir dos realidades: el material informativo en sí mismo, y la propiedad política y moral de esa exposición.

Es perfectamente comprensible que el departamento de Estado norteamericano haya puesto el grito en el cielo y que su titular, Hillary Clinton, dijera que así no hay forma de conducir una política exterior. La contradicción reside en que los intereses de su Gobierno -de cualquier Gobierno- no coinciden con los de la opinión universal, que siempre tiene derecho a saber, igual que los medios -entre ellos este periódico- lo tienen de proceder a la publicación haciendo el expurgo de lo que pudiera afectar a la seguridad de Estados o personas. Las revelaciones se dividen a su vez en lo que es una grosera e indecente interferencia -que a nadie debe sorprender- en los asuntos de otro país, como han sido en España las presiones sobre jueces, empresarios y políticos, y la frecuente caracterización peyorativa de los personajes con los que esa diplomacia ha de tratar, lo que aún menos debería llamar la atención. El jefe de Gobierno ruso Putin y su presidente Medvédev, vistos como Batman y Robin, y el primero como el macho alfa de su tribu son hasta pequeñas trouvailles para la historia del sarcasmo universal. Y en medio de todo ello, que el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, le parezca a un funcionario norteamericano, la mayor parte de cuya vida ha transcurrido dentro de los límites del más puro neoliberalismo, "un izquierdista trasnochado", además de inevitable resulta hasta medio elogioso. Lo que no se sabía, se adivinaba, aunque hoy suene deplorable al conocerlo verbatim.

Pero ¿cuál es la plataforma de pensamiento sobre la que opera Wikileaks? Assange dio a conocer ya en los años noventa su credo de sumo sacerdote del hacktivismo: libre acceso a la información, que pertenece enteramente al dominio público; desconfianza profunda de toda autoridad constituida, y defensa de una descentralización extrema en la conducción de los asuntos políticos. Es decir, anglosajonismo en estado puro. Cuando la policía británica aparece sin armas vestida de azul, no es porque se confíe en la humanidad intrínseca de la delincuencia local, sino porque se recelaría del comportamiento de esa autoridad dotada de tan agresivos medios de coacción. De igual forma, recorre transversalmente la política norteamericana una corriente ácrata, de origen protestante puritano, lejanamente basada en el libre examen de la Biblia, furibundamente reivindicadora de los derechos individuales, que se expresa con frecuencia al nivel de poder más próximo al ciudadano como es la administración local. A diferencia del anarquismo español o italiano de los años veinte y treinta del siglo pasado, que llegaba a ser violentamente revolucionario, este sentimiento se ancla muy cómodamente en la derecha. Una de las personalidades más visibles del movimiento del Tea Party, Ron Paul, es un anarquista conservador, aislacionista en política internacional y partidario de la cuasi desaparición del Estado. Por ello, Assange, cualquiera que sea su religión o ideología -si las tiene-, no es un hacktivista de derecha o de izquierda, sino un ciudadano en rebelión contra las instituciones.

Esa cualidad de guerrillero o francotirador informático no excluye, sin embargo, que el fundador de Wikileaks haya tomado considerables precauciones por si alguna de las agencias norteamericanas ofendidas por lo que se ha publicado -y lo que falta aún por publicar- decide tomarse la justicia por su mano. Y para ello ha dejado debidamente codificado un paquete de nuevas revelaciones de 1,4 gigabites, equivalente a varias veces el volumen de los 250.000 documentos del Departamento de Estado, que está preparado para su detonación si llegara el momento. Tenemos Wikileaks, con o sin Julian Assange, para rato.

M. A. Bastenier
El País